miércoles, 25 de febrero de 2015

Nelson Nieves, la magia del cuatro



Nelson Nieves, la magia del cuatro
Salvador Rodríguez



Nelson Augusto Nieves Schwartz nació, en San Sebastián de los Reyes, el 15 de mayo de 1956.Sus padres fueron César Augusto Nieves Gamarra y Mercedes María Schwartz Pérez (descendiente de alemanes). Desde los tres días de nacido vive en San Casimiro de Güiripa. Sus estudios de kínder los realizó en el colegio Santa Ana, primaria en la Francisco Isnardy, y la secundaria en liceo San Casimiro.
Es casi seguro que la vena musical de Nelson Nieves le viene de su padre ,quien tocaba la armónica y cantaba tango, y muy bien “La Cumparsita “; o ahondando más  en sus ancestros de su abuelo Francisco Nieves ( fue Presidente del Concejo Municipal ), amigo de Miguel Zamora  Bolívar, autor de “Fúlgida Luna “. Quizás Francisco le contaba a su hijo Augusto de los buenos poemas que escribía  Zamora Bolívar, padre de los hermanos Casado. Tal vez estas ideas se fijaron en la memoria de Augusto quien cantaría, ya hombre, las inigualables letras de los tangos gardelianos.
Nelson Nieves es el bordón de ocho hermanos, que en estricto orden de nacimiento son: Doritza, Celia, Carmen Alicia, César Arnaldo, Alirio José, Haydee Mercedes, Antonio María y Nelson Augusto. En 1964, estudiando 2º en la Francisco Iznardy comienza su inclinación musical y particular interés por el cuatro. En 3º participa en la presentación de El Chirigüare y le tocó ser el cuatrista. Luego de esta actuación comenzó a interesarse y adquirió más rapidez para cambiar los acordes y en aprender los diferentes ritmos (pasaje, joropo, vals, bolero, aguinaldo, gaita, etc.). En 4º , Dios le permitió estudiar con Chucho Acevedo , quien sería conocido como “ El Caballero del Arpa “, y que hoy es su amigo, compadre y hermano ( como le dice Nelson).Todas las tardes, después de hacer las tareas se iba a la casa de la familia Acevedo( en el barrio La Bandera ) a continuar con su aprendizaje del cuatro.
La casa de la familia Nieves, era  siempre visitada por el Dr. Rafael Hernández Rodríguez (médico que combatió  La Bilharzia en San Casimiro), que fue un gran violinista y que cada vez que la visitaba siempre lo traía, para que los hermanos de Nelson lo acompañaran en algunos valses. El Dr. Hernández  Rodríguez le gustaba que Nelson lo acompañara y que muchas veces tuvo que suspender juegos de metra, trompo, carrito o papagayo para venir a hacerle compañía al doctor .Cuenta Nelson que esto le ayudó muchísimo ya que eran piezas difíciles como: Dama Antañona, Súplica, y El Ausente.
En la secundaria, Nelson participó en el conjunto de gaitas “Juventud Liceìsta”y en compañía de Ramón  Páez, Ramón Betancourt (difunto), Juan Manuel Requena, Chucho Acevedo y Héctor Piñango (tucuso).También en esa casa de estudios perteneció  a “La Estudiantina” y que con su cuatro y algunas veces el acordeón deleitaba a los que asistían a innumerables presentaciones que se hacían en la otrora primera casa que venció a la oscura ignorancia.
Una noche, de esas tantas, en La Casa de La Cultura don Eleazar Casado se le hacía un homenaje a don Rafael Acevedo y Nelson, que se presentaba en esa ocasión, le tocó interpretar algunos temas. En una de esas interpretaciones veía que la gente se quedaba como hipnotizada, como si del cuatro de Nelson brotara la expresión musical más genuina de las entrañas de su  pueblo que lo ha cobijado: San Casimiro de Güiripa. O en otra oportunidad donde alguien le dijo: Tócame una canción de esas inolvidables y Nelson les tocó Epa Isidoro y comenté: Mejor que Billo`s; eso es magia pura y no tan simple. Luego lo comenté y la gente reafirmó: Es la magia que sale de esas cuatros cuerdas.
Nelson, siendo humilde y sincero, manifiesta que tuvo tres patrones a seguir: Jacinto Pérez, Freddy Reina y Hernán Gamboa. Agrega que de Hernán Gamboa captó muchas técnicas y que le sorprendió saber que con el cuatro podían interpretarse tantos ritmos, estilos y piezas del cancionero nacional e internacional. Es un instrumento increíble que cada día le gusta más, ya que cada día descubre algo nuevo. Es como si el mundo musical estuviera en sus cuatro cuerdas.
Como concertista ha participado en infinidades de veces en escenarios con muy buenos y reconocidos  cuatristas: Cheo Hurtado, Sir Augusto Ramírez, Rafael “pollo” Brito y Stanly Novoa .Igualmente en el desaparecido CONAC; en el primer festival de concertistas de cuatro del país, en la sala “Solistas de Venezuela” de Parque Central en Caracas, en La Monumental y en El Fórum de Valencia, en la Galería de Arte Nacional y en el Teatro Teresa Carreño.
Actualmente se desempeña como instructor de cuatro de La Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil Sur de Aragua y en Güiripa. También ha actuado como invitado especial en los conciertos, dirigidos por el maestro Cristian Vásquez, en las poblaciones de San Sebastián de los Reyes , Barquisimeto, Caracas, Mérida y Maracaibo.
En el libro del maestro Aldemaro Romero “El Joropo Llanero y El Joropo Central” está inscrito el nombre de Nelson Nieves en el cuadro de honor de los mejores cuatristas del país. Todo esto para gloria de los suyos y de su pueblo que le dio la luz para andar por los caminos de la música. Hoy vive con su esposa Elvira Quintero y sus hijos, Nelson Augusto y Valeria Carolina en la calle Monagas de San Casimiro de Güiripa.
Cronista Oficial de San Casimiro

martes, 17 de febrero de 2015

Gardel en San Casimiro, una historia jamás contada



Gardel en San Casimiro, una historia jamás contada
Salvador Rodríguez *

A la memoria de Eustacio Esaá, el mejor
bailador de tango de San Casimiro.

Cuando Carlos Gardel vino a Venezuela, jamás se supo, que había visitado a San Casimiro de Güiripa. Luego de sus presentaciones en Caracas, fue invitado, por Juan Vicente Gómez, para que permaneciera unos días en Maracay. El día de su llegada, Gómez lo recibió con tanta emoción, que hasta el guante se quitó, para estrechar la mano de Carlos Gardel, Luis Plácido Pizarello y de Rafael Visconti Seijas.
En la Ciudad Jardín de Venezuela, cantó para Gómez, sus familiares y allegados. Visitó Lactuario Maracay, las vaqueras “Las Delicias” y la cuerda de gallos, que con tanto celos cuidaba el mismo General, y que con lujo de detalles contó a Gardel, las últimas peleas que habían realizado. También el General Gómez, le obsequió una fiesta campestre, que fue amenizada por el famoso arpista villacurano Florencio Morales y el cantador cagüense don Julio Pérez.
El benemérito supo en la fiesta que Gardel quería conocer a San Casimiro de Güiripa, ya que a este pueblo llegó, en mayo de 1935, en la limusina marca Packard (propiedad de Gómez), y conducida por el chofer de confianza de Juan Vicente Gómez, el Sr. Manuel Moronta, nativo de Turmero del Estado Aragua.
Desde Maracay a San Casimiro siempre estuvo acompañado de Luis Plácido Pizarello (que lo trajo a Venezuela), de su mánager, el chofer de Gómez, y señalando el camino, conduciendo una motocicleta Indian, el joven Rafael Visconti Seijas. Después de cruzar el río Suata, en el sitio de “Paso Morocho”, entraron por la calle Miranda ( calle 19 de diciembre en el Gobierno de Gómez), hasta estacionarse enfrente del bar “El Placer del Bachaco”,  propiedad de su amigo de juventud, el Sr. Francesco Honorato Visconti.
Gardel bajó y cerró la puerta de la limusina. Abrió más los ojos y quedó admirado por lo que veía. Una calle larga de piedra que se perdía entre el frente de la casa de Andrés Manzo y los árboles de mamón enfrente de la tienda “La Bohemia”. Se sacudió el polvo del camino y se vino hasta pararse en medio de la calle para mirar el cerro La Cumaca y después volteó para preguntar el nombre de otro cerro que la neblina arropaba a medida que el día engullía la tarde. Desde el fondo del Bachaco una voz respondió: Camburito y viene anunciando un palo de agua.
Al rato entró al bar y estrechó la mano (del que había respondido) de don Antonio Torrealba (el Góngora de San Casimiro), y don Nicolás Guevara Díaz, quienes hacían el periódico “La Voz de Aragua”.  – Y ¿acaso usted vino a cantar? Preguntó don Antonio, que estaba sentado en una silleta cerca del mostrador. – No – contestó Gardel – He venido solamente a conocer el lugar donde vive mi amigo Francesco y que mañana, con todo gusto, les contaré como nos hicimos amigos.
A la mañana siguiente, muy temprano, Gardel subió a la plaza             Bolívar. Miraba los mangos, los mamones y las malaguetas. Caminó por sus avenidas y se dio cuenta de que los bancos de sentarse tenían nombres (de los patrocinantes de su construcción). Plácido ¡mira este!  (el banco tenía el nombre de HL Boulton). ¿Ese no es el nombre de la casa comercial donde trabajó Francesco? Claro Carlos – afirmó Rafael.
Vamos a tomarnos una fotografía en ese lado de la plaza, donde quede como fondo aquella casa hermosa – señaló Gardel. Era la casa de los Padrinos (donde luego estuvo el cine), y que, según cuentan, a su dueño, el Sr. Padrino, se lo tragó el llano, ya que más nunca regresó. Al lado de esa casa estaba la bodega del Dr. Parilli.
Casi a las 10, bajaron a desayunar al Bachaco. Sentados, en el corredor, la plana mayor de “La Voz de Aragua”, don Antonio Torrealba, Nicolás Guevara Díaz, Eleazar y Luis Roberto Casado, el poeta Augusto Padrón y Pastor Rodríguez Manzo, también poeta sancasimireño.
“Amigos, buenos días (se escuchó la voz de Gardel), ahora les cuento cómo vine yo a parar a este hermoso pueblo. Francesco y yo, nos conocimos y trabajamos juntos en el teatro Colón de Buenos Aires. El era empavonador de arañas y yo tramoyista, es decir, ustedes saben, el limpiaba las lámparas y este servidor, cambiaba el escenario. Francesco siempre ha sido un buen leal amigo y yo, santifico esa lealtad con mi presencia. Por eso estoy aquí, y mañana, Dios mediante, regresaré”.
Francisco, el padre de Francesco Honorato, fue uno de los jefes de la policía durante el gobierno del General Juan Manuel de Rosas. A la caída del régimen tuvo que irse porque las cosas se pusieron malas para la familia. En Italia nació Francesco Honorato y que al mejorar la situación regresaron a Argentina. Francesco y Carlos se conocieron y trabajaron juntos en el teatro Colón. En este sitio surgió la entrañable amistad.
Al tiempo, Francesco Honorato se vino para Venezuela y Carlos comenzó a cantar. Se hizo famoso y llegó en gira a Venezuela. En Caracas se alojó en el Hotel Majestic (donde felicitó a la sancasimireña Susana Esaá por lo bueno que cocinaba). Un día Francesco fue a entregar un pedido de la casa comercial donde trabajaba y se reconocieron. Francesco le dijo que vivía en San Casimiro y que se había casado con Amelia Seijas, heredera de la hacienda Guare. Fue en esa conversación donde quedó comprometido Gardel de visitar a San Casimiro de Güiripa.
Corría la cuarta década del siglo XX y se cumplían 10 años de la trágica desaparición de Carlos Gardel cuando Rafael Visconti Seijas tuvo la idea de realizar un rally de Caracas a Buenos Aires, para colocar una placa en la tumba de su ídolo y amigo en el cementerio “La Chacarita” donde está enterrado. El rally no se pudo realizar, ya que el otro organizador, Antonio Hueck Condado, le dio un infarto. La placa quedó un tiempo guardada ya que Rafael no le gustaba viajar ni en barco ni en avión.
Al tiempo, el periodista José Visconti (nieto de Francesco Honorato), le tocó cubrir un evento deportivo en Buenos Aires. Su padre Rafael, le dijo, que era la oportunidad de colocar la placa a su amigo y José se la llevó. Cuando llegó a la capital de Argentina le informaron de que no estaba permitido colocar nada en la tumba de Gardel. Las esperanzas se le escapaban a José, pero, como dice el dicho, de “el que anda en buenas acciones Dios lo ayuda” se le presentó la gran oportunidad. Mandaba el General Rafael Videla, y en una rueda de prensa, José se entrevistó con él. Videla lo escuchó y lo refirió a un edecán, a quien el periodista le contó de la amistad de Gardel con su abuelo y su padre. A los 3 días el teléfono de la habitación de José repicó. José brincaba de la alegría por lo que escuchaba a través del auricular: José Visconti, puede ir a colocar la placa en el cementerio “La Chacarita”.
En la década de los 80, el periodista, Guillermo José Schael del diario El Universal, comentó en su columna “brújula” de que Luis Plácido Pizarello le había dicho “de que Gardel se había llevado un buen recuerdo de San Casimiro de Güiripa y que cuando volviera sería para comprar un terrenito para hacer una finquita”.

Información Oral
Bastardo, Wladimir, Radiodifusor.
Conversación privada en la emisora GEMA, San Casimiro, mayo 2008.

Bolívar, Pedro Modesto, Historiador.
Conversación en la biblioteca Santos Michelena, Maracay, febrero 2010.

Monasterio, Manuel, Historiador.
Conversación en la casa Ezequiel Zamora, Cúa, agosto 2009.

Visconti, José, Periodista.
Conversación en el diario deportivo “Meridiano”, Caracas, agosto 2009.

* Cronista Oficial de San Casimiro.

De café a guayoyo




De  café  a  guayoyo    
Salvador Rodríguez(*)
 A Julián Barrios,
el último mohicano en saberes del café

A  finales  del  siglo XIX  y  comienzo  del  XX,  San  Casimiro  producía  más  de  40.000  quintales  de  café.  De  1934, en  unos  papeles  viejos  y  guardados,  con  mucho  celo  por  Pedro  Manuel  Acosta Gondelles ( fueron de  Rafael  Ángel  Acosta  Álvarez  y  antes  de Pedro  Manuel  Álvarez  Vera ), se  atesora  la memoria de 38 haciendas de café, que muestra de cómo la brisa de los buenos tiempos del café  iba quedando quieta .
De esos longevos  y  ajados  documentos (en esas condiciones los recibió Pedro Manuel Acosta) se puede inferir los pormenores que ayudaron a la confección de la mortaja, empleada para colar y sacar el más pálido guayoyo.
En aquellos días de 1934, Pedro Manuel Álvarez,  presentó, ante la Cámara de Comercio, un informe relativo de los agricultores necesitados del  Distrito San Casimiro. En ese desventurado expediente, que exponía el aventajado cueño, se mostraba la radiografía de cómo andaban dentro de sus linderos cada una de las 38 haciendas, y que pudo conocer don Pedro Manuel Álvarez, ya que otras se habían quedado sin revelar la producción de sus cosechas.
Después de escuchar aquella terrible comunicación, que vino a ser la llave que iba cerrando todas las puertas a laboriosos hombres y mujeres, que sólo  vivían de ese café, endulzado con papelón, producido en los muchos tablones en varios sitios de la campiña sancasimireña; la gente se fue a sus casas.
Muchos no entendieron lo que había dicho don  Pedro. Lo que sabían, es que, la cosa andaba mal   y se iba a poner peor.
Esa noche no se sentaron a las puertas de sus casas. La noche del quince, de nuevo, se  sentaron; quizás la tristeza y el desasosiego iba desapareciendo,  que había  cundido en ese fatídico  14 de agosto de 1934, entre los pobladores de la muy parecida comarca andina. Los laboriosos sancasimireños se sentaban, al regresar de sus maltrechas haciendas, a las puertas de sus viviendas a conversar de lo dulce y lo salobre de las cosas de la vida. Las conversaciones siempre  estaban matizadas con guayoyo y cambures asados, y un Flor de Aragua para ahuyentar los  zancudos.
La noche del quince, don Antonio Torrealba, se sentó casi  en la entrada de la casa de María de Jesús Gamarra de Nieves. Don Antonio entendía  lo que estaba  ocurriendo a sus haciendas. Don  Antonio era un destacado tribuno, literato y comerciante, que cuando hablaba; la mayoría de las veces, utilizaba un lenguaje literario. También tenía una bodega, donde hoy está La Prefectura, que era atendida por el joven Eleazar Casado. Para ilustrar la situación que se vivía en 1934, se podrían transcribir lo que le dijo don Antonio al Sr. Augusto Gonzales, quien llegó a su bodega a pedir fiao: “Amigo Augusto, debido a la situación precaria por la que está atravesando el negocio no podemos suministrarle el crédito”. Augusto se volteó y le preguntó a Eleazar: ¿Qué dijo? Eleazar le respondió: “Qué no se puede fiar porque la cosa está bien mala”.
La población de San Casimiro, ya había sufrido la fiebre amarilla en 1913, y la gripe española en 1918 o “La Peste del Besuqueo”, como la nombra  Oscar Yanes en  Así son las Cosas. “Estos flagelos causaron muchas víctimas y consternaron dolorosamente a sus habitantes”. Pero la ruina del café debió significar algo peor, que esos flagelos, para los sancasimireños, ya que, sí seguían conservando sus vidas, iban perdiendo el orgullo heredado de sus antepasados que “quisieron levantar no una iglesia modesta como la de cualquier otro pueblo, sino algo monumental con torres y cúpula y tres naves y una fachada imponente”. Era  como si un diluvio de vicisitudes  cayera sobre sus finanzas y  que para protegerse de su enclenque economía  blandían el menguado presupuesto municipal que era reconducido cada dos meses.
Aquella noche, don Antonio Torrealba agarró una silleta y se sentó en el frente de la casa de María de Jesús Gamarra de Nieves. María  de Jesús era la esposa del Sr. Francisco Nieves, quien era bodeguero y Presidente del  Concejo Municipal  de San Casimiro (en este cargo estuvo varios años).
¿Qué te pareció el informe, María de Jesús? Caray, Antonio, yo no sé qué decirte, le dijo María Jesús. Y tú ¿qué opinas? Le devolvió la pregunta, porque ella sabía  que estaba ante un personaje que conocía muy bien la situación del país, de cómo se iba trasladando el país cafetalero hacia el país petrolero. La situación de San Casimiro no mejoraría y él sabía, a pesar de las supuestas bondades que manifestaban, cómo apretaban los acreedores y más si eran casas comerciales como Santana Hermanos y sucesores, fundada en 1783, que funcionaba en París y Caracas.

(*)Cronista oficial de San Casimiro, estado Aragua

Más enamorao que el pavo de Vicentico



Más  enamorao que el pavo de Vicentico

Salvador  Rodríguez

El hombre, en su paso por la vida, ha dejado historias de su comportamiento, como también se han  registrados hechos que tienen como protagonistas a las cosas y a los animales. Los refranes lo acompañan, desde tiempos remotos, y sirven para dejar  sembrado en el alma de la gente, la conducta que manifiestan los seres que observamos. Esta es la historia de un refrán, que se originó en un patio de gallinas, acompañadas de un pavo y de un gallo espuelúo, defensor terrible de los desmanes de un pavo.
Antes de proseguir con la historia, debemos hablar de Vicente Pérez, el dueño del pavo. Agosto es alfa y omega en el tránsito vital de Vicente Pérez. Nació el 30 de agosto de 1905 y murió el 25 de agosto de 1988.Su padre fue Vicente D’milita (italiano y primo hermano del médico Vicente D’milita), de quien heredó el diminutivo de “Vicentico”; y su madre, Rosenda Pérez, conocida por todos con el nombre de Rosa. Su maestro de primeras letras fue Lucas Guillermo Castillo Hernández (en ese tiempo conocido como el cura luquita) y compartía en el recreo, con sus condiscípulos, Miguel Valero y Héctor  Visconti, El Judas con San Simón (papelón con queso), que su madre Rosa le preparaba. Su hermano mayor, Domingo, le ayudaba con la mitad de las responsabilidades propias de su tiempo: vigilar y contar los chivos que su padre tenía (entre La Palomera y La Cueva El Sapo y que hoy son las calles Independencia y El Vigía, respectivamente), ir a buscar la leña, hacer los mandados y resolver las tareas que le asignaba el estricto maestro Castillo Hernández. Tres meses después de cumplir los veinticinco años de edad, contrae matrimonio (el 15 de diciembre de 1930) con la joven y apuesta Zenobia García, hermana mayor del Sr. Rafael García (conocido como el sapo). Andando el tiempo la feliz pareja, se residencia en La Cortada del Papelón donde establecen una posada que era muy frecuentada por arrieros y carreteros que venían del Llano, de San Sebastián y de San Casimiro. Allí pernoctaban los arrieros Francisco Rivero y Ventura Casares, quienes iban a Caracas a llevar el café sancasimireño tan solicitado por los pobladores de la ciudad de los techos rojos y de regreso traían víveres para La Perseverancia (de Rafael A Vargas), La Equidad (de Nicolás Guevara Díaz) y la bodega de don Antonio Torrealba.
Mientras juntaban dinero, atendiendo a los posaderos, venían los hijos. José, Luis, Roso Vicente (que falleció pequeño), Domingo, Rosendo, Carmelina, Olga (Bogo) y Evelio, que nacieron en San Casimiro, y Hortencia y Aída, en La Cortada del Papelón. En el gobierno del Benemérito Gómez ejerce el puesto de Comisario y fue tanto el buen trato hacia los demás, que no dejó enemigos a pesar de ser el régimen de Juan Vicente Gómez un irrespetuoso de los derechos humanos. Con sus ahorros compró la casa, donde siempre vivió y hoy viven sus descendientes, a su comadre María de Arcella. Allí estableció bodega y restaurante, y en la parte de atrás un buen corral con gallinas, un pavo y gallo espuelùo.
En la buena comida y la atención esmerada se edificó la fama que rápidamente adquirió el sitio de venta de comida. Fue tan vertiginoso el prestigio alcanzado por el restaurante, que el sitio comenzaron a llamarla la Esquina de Vicentico desplazando lo que hasta ese momento se conocía como la Esquina La Bencomera. Además de El Pavo de Vicentico se venía a sumar La Esquina de Vicentico. La gente de los pueblos es sabia para darle el nombre justo a las cosas.
Evelio, el hijo menor de Vicentico, recuerda durante la conversación, de que eran como cincuenta gallinas junto a un pavo y un gallo con espuelas grandes, y que Bachaco (Gerardo Coita) decía que era una navaja picoe’loro en cada pata. El patio daba a un costado de la calle y todo el que pasaba tenía que ver con el pavo y con el gallo. Una vez, enfrente de La Esquina de Vicentico, se hallaban Gerardo Coita (bachaco), Luis Beltrán Ochoa (payapaya) y Andrés Ruiz. En ese momento una mujer pasaba y bachaco le aflojó las riendas a un piropo, y con una chispa oportuna Andrés Ruiz le dijo al bachaco: “Eres más enamorao que el pavo de Vicentico”, y enseguida se escuchó la voz de payapaya que le decía a Andrés: “Y tú eres un monseñor pa’bautizar”.Desde ese instante, quedó que cada vez que alguien piropeaba a una mujer se le decía tu eres más enamorao que el pavo de Vicentico y al señor Andrés Ruiz le quedó para siempre el sobrenombre de “monseñor”.
Cuentan que el refrán “más enamorao que el pavo de Vicentico”, se debió a que el animal no podía ver mujer en el corral, ya que abría las dos alas para cortejarla y si el marido corría en su auxilio, intervenía el gallo para entablar pelea con el marido. También, afirman las lenguas, que una vez un marido, de una de las tantas mujeres que se asomaban por el corral, terminó corriendo hasta El Monumento de San Antonio y con el gallo atrás. De buenas fuentes nos informamos de la infausta noticia de que el pavo se lo robaron en diciembre de 1958, y asegurando que unos cuantos probaron su carne en las fiestas de navidad.




Cronista Oficial del Municipio San Casimiro